anonymous   Cuando el FBI en un estilo fascista y haciendo alarde de su poder cerró la página Megaupload, las redes sociales se estremecieron con sus mensajes de protesta. Algunos están hablando de la Primera Guerra Cibernética.

   El temor de los cibernautas y del mundo entero fue no sólo por el cierre de la famosa página de descargas sino por la detención de sus dueños en un despliegue muy a lo Hollywood, con toda la publicidad y escándalo.

   Estos hechos se presentan al mismo tiempo que el Congreso de los EU está retrocediendo al apoyar las polémicas leyes SOPA (Stop Online Piracy Act) y la PIPA (Personal Information Protection Act) contra las descargas en internet.

   Tan apoteósica ha sido la reacción de los cibernautas en todo el mundo, que algunos senadores, hoy famosos por su apoyo para que esa intromisión salvaje continúe en un país que se jacta de sus libertades, han retrocedido cautelosamente y por eso, a estas alturas aún no se sabe si la disposición, que empaña la ilusión de libertad de expresión, seguirá adelante.

   Al ocurrir las detenciones y la clausura de la página de descargas, inmediatamente, en un hecho sin precedentes, Anonymous (un seudónimo utilizado mundialmente por diferentes grupos e individuos que protestan a favor de la libertad de expresión, de la independencia de Internet y en contra de diversas organizaciones, servicios públicos, consorcios con presencia global y sociedades de derechos de autor) inició su contraataque interviniendo varios sitios de internet del gobierno e instituciones estadounidenses como protesta. De cierto modo, este fue el comienzo definitivo de la guerra cibernética.

   La llamada industria del arte y la cultura, se plantó en su mezquindad y avaricia negándose a aceptar que la base de internet es su flujo de información y precisamente esta manera de fluir es lo que constituye el presente, la realidad de nuestra era.

   Aunque quienes amasaron fortunas con las creaciones ajenas no quieran perder su gallina de los huevos de oro, el mundo entero jamás cederá sus libertades y el acceso a la cultura libre que descubrió repentinamente. Sería un retroceso.

   Por eso, miembros del grupo activista en línea Anonymous preparan una campaña a través de sus redes sociales en la que se invita a todas las personas del mundo a no comprar ningún producto de televisión, cine o videojuegos durante todo el próximo mes de marzo. La intención es reducir los ingresos de las compañías de estos mercados para protestar contra los proyectos de ley estadounidenses SOPA y PIPA, y en repuesta al cierre de Megaupload.

   El grupo ha expresado que estas leyes y otras similares que han surgido en diversos países del mundo promueven la censura y restringen la libertad de información.

   La “World War Web” o “red mundial en guerra”, un juego de palabras con el famoso acrónimo “www” de la “red mundial” ya ha sido la tendencia en Twitter. Y las acciones de distintos grupos mundiales se preparan para defenderse y atacar.

   Hay quienes piensan que lo más hipócrita y despreciable es que la industria del entretenimiento y las grandes corporaciones se hacen las víctimas, escondiendo que quienes promueven y quienes se benefician de este movimiento de intercambio de archivos son ellas mismas pues han convertido la cultura de “red entre iguales” en el más eficaz instrumento para promover sus productos con una inversión mínima. ¿Quién piensa que sea casualidad que en el momento más oportuno se “cuele” misteriosamente cada disco o cada película a la red? Esto funciona perfectamente para promocionar su llegada a las tiendas o a las salas de cine. Este es parte del trabajo que algunos de los conocedores, los que imponen las tendencias, realizan para algunas discográficas y productoras de cine. Nadie menciona esto.

   Tampoco nadie menciona que quienes han amasado grandes fortunas son los desarrolladores de “gadgets”, aparatos y programas para compartir archivos de cultura y entretenimiento como “media players”, servidores, tabletas y un sin número de aplicaciones para que esta empresa de promoción funcione a la perfección, velozmente y llegue a quienes comparten gratuitamente, mientras sus fortunas siguen creciendo. Pero esa no es toda la hipocresía. El anhelo de estas “víctimas de los piratas” es que sirvas a sus propósitos, tengas el arma y la uses con instrucciones precisas y que después se desate un escándalo para que te metan en la cárcel por 50 años o más.

   La pregunta es por qué el FBI no ataca con la misma furia los paraísos fiscales, a los defraudadores, a los especuladores y a quienes matan de hambre a gran parte del mundo. ¿Qué más quieren? Como dijo Liam Gallagher, ex cantante de la banda británica Oasis refiriéndose a Bono de U2 que defiende la ley SOPA: “Descargar música es lo mismo que yo solía hacer, yo grababa las canciones que me gustaban de la radio. No me importa. Odio a todas esas grandes y tontas estrellas del rock que se quejan. Tienes cinco putas mansiones, así que cierra la bocota.”